20 nov. 2015

EL LIBRO DE RECORTES DE MI MADRE - Adriana Hammeken

Por: Adriana Hammeken



A lo largo de la vida me he dado cuenta que los sueños de las mujeres son muy distintos a los de los hombres. No son mejores ni peores, sólo son diferentes. Supongo que lo ideal es que cuando decides compartir la vida con alguien, esos sueños tan diferentes se unan y construyan nuevos sueños combinados por decirlo de alguna manera. Sueños que la mayoría de las veces confluyen en el hogar que se forma, en los hijos que se procrean y hasta en el perro que se adopta. Pero muchas veces son estos mismos sueños los que llegan a separar a las parejas porque no se dió la mezcla perfecta; a veces los sueños de un hombre y una mujer van por separado aunque se comparta el mismo techo, hasta que llega un momento en el que cada quien sueña por su lado y acaban por convertir a las personas en entes diferentes. A veces los sueños separan, en ocasiones unen de tal manera que se es capaz de sortear cualquier obstáculo.

Yo entendí de sueños cuando apenas era una niña. Nosotros vivíamos en la calle de Sarto en Mixcoac. Nunca fue una zona bonita pero ahí vivieron mis abuelos paternos y ahí le regalaron una porción de su terreno a cada uno de sus hijos. Mi mamá aunque fue feliz ahí, siempre soñó con irse a un mejor vecindario. Y aquí viene el por qué de esta entrada: aun antes de saber que podíamos mudarnos, ella compró un cuaderno de dibujo, de esos que tenían una hoja de "papel calca" entre página y página, y ahí iba pegando imágenes que sacaba de revistas de decoración. Ordenada como era ella, lo tenía catalogado con diferentes pestañitas de colores: recámaras, sala, baños, chimeneas, etc. recortaba y pegaba poco a poco los elementos que ella quería integrar en la casa de sus sueños. En ese momento yo no le daba valor a ese libro de recortes pero ahora que lo veo con una mirada adulta y más o menos madura, me doy cuenta del valor incalculable que tuvo en mi vida ese cuaderno; entre otras cosas me pude dar cuenta de que las realidades empiezan por un pequeño sueño que va creciendo poco a poco. Con ese cuaderno aprendí que los sueños tal vez no se realicen, pero importa ¡y mucho! el proceso de soñar. Muchas tardes mi mamá se sentaba en la mesa del comedor a pasar y repasar esas revistas, recortaba con paciencia todo lo que le iba gustando y lo pegaba en la hoja blanca, lentamente, con cuidado, como queriendo tomar fotografías mentales de todos esos rincones. Un sueño de mujer, de esos que construyen futuros, ladrillo por ladrillo. Sueños tercos que se rehúsan a quedar en el olvido. Por la forma de ser de mi papá tal vez nos hubiéramos quedado en Sarto toda la vida, y espero que esto no se malentienda, no era un hombre mediocre o conformista, simplemente tenía la capacidad de ser feliz con lo que poseía, siempre y cuando tuviera a mi mamá a su lado; por eso cuando Tita empezó con este sueño él la siguió y lo compartió más por quedarse al lado de la mujer que amaba que por el sueño mismo.

Así compraron el terreno de Callejón de las Cruces en San Jerónimo, un lugar hermoso rodeado de árboles de tejocotes y peras. El joven arquitecto al que se le contrató para hacer la casa poco pudo decidir porque mi mamá ya tenía ese libro de recortes y sabía perfectamente bien cómo es que quería cada metro cuadrado. Todavía recuerdo la ceremonia en la que se puso la primera piedra, fue algo emotivo y profundo. se estaba construyendo más que una casa, el sueño de mi madre y por ese motivo, resultó ser una casa bellísima, "Como de revista".

Ese cuaderno de recortes me mostró la importancia de los sueños y de todo su proceso, desde que se conciben, se viven y finalmente se logran cristalizar. Y sobre todo me mostró la importancia de tener sueños personales y sueños compartidos con tu pareja y tus hijos. Ideas que se convierten en sueños y sueños que se convierten en proyectos de vida.

A veces olvido el cuaderno de recortes de mi madre y pierdo de vista la importancia de los sueños. Entonces me sumo en una profunda desesperación. Eso me sucedió cuando perdí el trabajo que había tenido por 13 años. Creí perder muchos sueños; con el tiempo y después de un doloroso proceso de duelo me di cuenta de que estaba colocando mis sueños en un lugar que no debía, fuera del cuaderno de recortes de mi vida. Estaba tomando imágenes de revistas que nada tenía que ver conmigo y las estaba pegando en un cuaderno que no representaba mis anhelos. Estoy en proceso de hacer mi propio cuaderno de recortes y a veces no me queda claro qué es lo que debo pegar entre sus páginas, pero en ocasiones las imágenes se agolpan en mi corazón claras y contundentes y me queda claro cuál es la imagen que debo pegar. Y entonces, en estos momentos de claridad hago un pausa y agradezco al Universo el haber tenido como madre a una mujer que soñó una casa perfecta.

------------

Muchas gracias amiga.

Si les gustó este texto tanto como a mi, háganoslo saber por medio de mis redes sociales.

Recuerda, soy Alejandra Coghlan y estás en mi casa que es tu casa.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Template by Pink + Lola