9 oct. 2015

Conversaciones - Adriana Hammeken

Hola a todos mis queridos seguidores sin faltar ninguno

Hoy les tengo una gran sorpresa, la nueva colaboración de mi amiga Adriana. Ella es una hermosa mujer, bella por dentro y por fuera. Estudiamos juntas la secundaria y prepa, hace algunos años.

Con esto de Facebook la reencontré y empecé a seguirla, a leer sus textos diarios y me di cuenta de lo maravillosa que es, así que decidí buscarla y aquí estamos hoy compartiendo este espacio.

Amo sus textos y sus pensamientos; y es para mi un honor tenerla de invitada en mi casa, que es tu casa.

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Por: Adriana Hammeken



Hoy amanecí con una nostalgia especial.

Supongo que el clima no ayuda, los días han estado grises y llenos de lluvia.

La menopausia tampoco ayuda gran cosa, ni los cambios de estado de ánimo que te llevan a la bipolaridad decenas de veces en un sólo día.

Llorar al leer una noticia
Llorar cuando el perro se porta mal
Llorar cuando piensas en el pasado
Llorar cuando miras a través de la ventana
Llorar con el mundo
Llorar desde adentro
Llorar hasta que de pronto no te acuerdas por qué estabas llorando
Llorar de tristeza, de alegría y ¿por qué no?
LLORAR DE LA NADA

Pero por esos momentos de nostalgia también tengo los momentos en los que hablo con mis amigas pre menopáusicas, menopáusicas o post menopáusicas, (a estas "alturas del partido" no hay de otra) y el llorar de la nada se convierte en un cúmulo de sentimientos que ocupan el alma como el sol ocupa mi recámara. Conversaciones que me van llenando el cuerpo de un calorcito rico a pesar de que el día esté nublado.

Pláticas que construyen mi vida.

No son las palabras sino el tono de voz; y no son las ideas inteligentes las que te cambian el rumbo de la nostalgia, sino el cómo se dicen y cómo te llegan al corazón. No son las frases sino la mirada que las acompaña.

Conversaciones con amigas de toda la vida, con las que no tienes qué empezar de cero, sino sólo es cuestión de retomar la vida para comprender su historia actual.

Con las amigas nuevas con las que la conexión es tan fuerte que entiendes el por qué la elegiste para compartir tu vida

Con amigas de trabajo que de tanto convivir y compartir opiniones acaban por adivinar tus ideas.

Con hermanas de sangre y hermanas por elección, con las que son tantos los momentos compartidos que no hay recuerdos en los que no estén ellas

Conversaciones en donde entendemos el gozo de una amiga por haber encontrado el vestido perfecto para la boda del hijo y el profundo dolor cuando el marido le dice que para qué gasta si ya está gorda y vieja.

En las que entendemos lo que es verse al espejo y saber que la juventud se ha ido, que los senos ya no están en su lugar, la pancita es algo que no se va a ir y que mas vale que te vayas encariñando con ella.

Conversaciones como sólo las mujeres podemos tener en las que el mundo es nuestro y se crea un universo impenetrable, hermético e impermeable; en las que esa sensación inexplicable de nostalgia pegada con tristeza y gozo es un lugar común y llorar de la nada es perfectamente comprensible.

Se que este es un tema trillado, pero también se que sin estas conversaciones mi vida no sería la misma y el mundo sería un lugar árido y sin encanto alguno.


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Muchas gracias amiga.

Si les gustó este texto tanto como a mi, háganoslo saber por medio de mis redes sociales.

Recuerda, soy Alejandra Coghlan y estás en mi casa que es tu casa.


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